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Experiencia de uno de los miembros de WellNutrition al cambiar su vida.

sebacavallo Sebastián Cavallo 05 Junio 2013 0 comentarios

Experiencia de uno de los miembros de WellNutrition al cambiar su vida.

¿Es realmente posible un cambio radical en nuestras vidas? ¿Vale la pena el sacrificio por un extenso periodo de tiempo por cuestiones que para muchos resultan “superficiales”? Estas y cientos de preguntas más son las que me invadieron hace casi ya dos años.

Esta es, de manera breve, una historia cercana sobre un giro radical de vida. Una experiencia cercana de parte de alguien del equipo de WellNutrition, que busca en este proyecto acercar a otros, el proceso propio que muchas veces se hace solo y con más críticas que ayuda.

Como estudiante de derecho, en julio del 2011 y tras unas extensas vacaciones de invierno fuera del país y dónde los excesos eran constantes, sentí la necesidad imperante de hacer algo respecto a mi cuerpo, a mi apariencia y por sobre todo a mi salud. De vuelta a Chile, con 22 años, y tras un chequeo médico (debido a una patología congénita renal) quedaba claro que necesitaba de manera urgente un cambio en mi estilo de vida si quería llevar una vida sana y prolongada.

Siempre fui deportista; ya fuera dentro de las canchas de futbol o basquetbol, tuve siempre la suerte de poder desarrollarme a nivel competitivo aunque el físico no me acompañase. Lamentablemente, jamás preste atención a mi apariencia física, a una adecuada alimentación ni a mi salud en general, a pesar de tener la responsabilidad de dar especial cuidado a mis riñones.

Tras la evaluación médica y de un nutricionista, me vi en mi punto más bajo. Con 116 kilos a cuestas, y una evidente incomodidad sobre mi cuerpo, tomé lo que es probablemente la decisión más importante y responsable; tomar cartas en el asunto.

El motor del cambio, si bien puede variar de una persona a otra, tendrá siempre ciertos factores en común que hacen de este tipo de procesos, uno que impacta en diversas áreas la manera de desarrollarnos y desenvolvernos. Desde las dificultades físicas que comenzaban a mermar mi desempeño deportivo, pasando por dolores vinculados a la obesidad y hasta la imposibilidad de estar cómodo con mi cuerpo frente a parejas por ejemplo, todo sirve como caldo de cultivo a la hora de motivaciones y objetivos que me empujaron a realizar un cambio radical sobre mi cuerpo.

Mirando atrás, puedo decir que el camino no es fácil. Muchos quedan en el camino, y las críticas tanto de cercanos como de terceros son más duras de lo que uno cree, a pesar de estar haciendo algo a todas luces positivo. Es una ruta solitaria, dónde por más ayuda de entrenadores y profesionales que estén acompañando el cambio, el verdadero sacrificio y el trabajo duro provienen de uno mismo, y nadie los hará por nosotros.

Comencé el proceso ayudado por un amigo, que me dirigió a un profesional nutricionista y a un entrenador personal. Estudié por cuenta propia acerca de nutrición, rutinas de ejercicio, estudios de nutrición y todo lo vinculado al mundo del bienestar. Comencé a darme cuenta, que esta vez algo era distinto a todas las dietas que había hecho antes en mi vida (sin resultados). Esta vez, la motivación provenía desde más profundo; esta vez, era en serio. Hasta que no logré mentalizarme completamente en lo que este largo y difícil proceso significaría, no fui capaz de lograr un verdadero cambio. La mentalidad, en este tipo de cosas, es trascendental.

 

Así comencé a entrenar muy duro en el gimnasio junto a un entrenador, que con el pasar del tiempo se transformó en un verdadero amigo. Las sesiones eran menos tediosas, el consejo y los temas fluían entre las series y repeticiones, y muchas veces obtenía de él la motivación que parecía disminuir por el cansancio y el desgaste.

De igual manera, la inclusión de una dieta a mi medida vino a complementar lo que hacía en el gimnasio. Comprendí que el deporte es casi menos importante que los hábitos que se tienen en la casa. La sala de pesas, es al final del día, menos importante que nuestra propia cocina. Las mancuernas son menos vitales que el correcto uso del tenedor.

Casi dos años más tarde, el cambio es evidente. 34 kilos menos evidencian el proceso vivido. Me siento y veo, mejor que nunca. Uno realmente, jamás apreciará la profundidad del cambio hasta que lo vive en carne propia. Es increíble como una transformación de este tipo, afecta toda y cada una de las áreas de nuestro ser; como nos relacionamos con otros y con nosotros mismos.

Sin duda, en este tiempo ha habido enormes sacrificios. Pasé de ser el mayor amante de la comida y los placeres sibaritas a alguien que comprendió finalmente, que la alimentación es una necesidad y no el eje de nuestro vivir. Esto no quiere decir que no pueda disfrutarla. Aprendí que es posible comer de manera rica y sana a la vez. Mi caso, debido a los objetivos deseados era extremo, y es innegable. La eliminación total del alcohol fue una difícil labor, considerando las salidas nocturnas; el cansancio de igual forma afecta la vida bohemia.

Amigos y familiares me tildaron una y mil veces de “aburrido” por no tomar una copa de vino, ni comer comida chatarra, entre otras miles de tentadores proposiciones que debido a mi proceso, eran inconcebibles. Sin embargo, todo valió la pena.

Hoy por hoy debido al trabajo y a mis relaciones personales y familiares el nivel de compromiso disminuyó evidentemente. Ya no paso las mismas horas en la sala de pesas de lo que solía hacerlo, y si bien cuido mi dieta, los placeres y gustos personales son más frecuentes. Es imposible pretender lo contrario, para alguien que en su esencia disfruta tanto la comida y la bebida.

A pesar de todo, puedo decir con total seguridad, que nada es como antes. A pesar del “relajo”, la mentalidad luego del proceso se instala completamente en el inconsciente de quién vive un proceso así. Darse un tiempo para el deporte, cuidar diariamente la alimentación y estar pendiente del peso son señales de que el cambio llegó para quedarse. De que si bien se puede subir o bajar un poco de peso, el control lo tiene uno, está al alcance de un switch interno.

Es un proceso que verdaderamente, nunca termina. Si bien se alcanzan los objetivos, o en el largo trecho uno se da cuenta que lo que buscaba está más allá de lo que uno está dispuesto a sacrificar, siempre habrá espacio para mejorar. Es un cambio definitivo que se traduce en un bienestar total y que cambia completamente la vida de quién lo realiza.

Es por esto que formo parte del equipo de Well Nutrition; no el dinero ni el currículo. Mi convencimiento de que formando parte de este proyecto puedo ayudar a miles a dar un cambio radical en sus vidas es sin duda la mayor motivación que hacen que crea y luche día a día por el sitio. La posibilidad de dar a otros, lo que yo viví, es impagable. De orientar a muchos como me costó orientarme a mí, y hacer eficiente desde el primer minuto, el tiempo que se tiene.

Los que se aventuren en algo de este tipo, deben saberlo; el proceso es largo y difícil. Es proporcional al premio. Nada se nos dará fácil y no existen atajos ni secretos ocultos bajo 7 llaves. En el medio hay muchos falsos profetas y gurús, y muchas veces una segunda opinión o las referencias de cercanos son lo mejor para informarse acerca del profesional. Esto es un proceso que requiere tiempo y mucha disposición; además de en mayor o menor medida destinar recursos. Pero créanme, todo al final del día, vale la pena de sobremanera.

Es en resumidas cuenta, lo mejor que pude haber hecho nunca. Si bien no puedo decir que hice todo siempre de manera correcta, no me arrepiento de nada. Los errores cometidos son la mejor forma de corregir y aprender, y cabe tener claro, este es un constante proceso de aprendizaje tanto externo como personal.

Por último, para todos aquellos que están ad portas de una transformación de este tipo, a aquellos dispuestos a luchar por sus objetivos, les dejo las que son para mí, las 3 claves fundamentales de un cambio tan radical;

 

a. Sacrificio.

Nadie te dará nada. Todo debe partir y hacerse por uno mismo, independiente de la ayuda de expertos. Es un proceso de contante sacrificio, dónde se dejan muchas cosas de lado, que al final del día se agradece.

b. Constancia.

De nada sirve llevar a cabo algo con intermitencia. Si decide hacerse el cambio, debe ser un proceso de constante lucha y sacrificio. Debe prolongarse en el tiempo, ya que las metas y objetivos suelen ser a largo plazo.

c. Información.

De todo aquello que nos rodeará. De los profesionales que nos asesoran, de los ejercicios, de nosotros mismos mediante exámenes y mediciones, y por sobre todo, de los suplementos que consumamos. Todos los procesos y cuerpos son distintos, la información es el arma que nos permite hacerlo a la medida personal.

d. Escuchar al cuerpo.

Constancia y sacrificio no significa acallar la voz interna. El desgaste interno, el cansancio mental y físico pueden pasarnos la cuenta. Debemos saber tomar una pausa, y escuchar a nuestro cuerpo, qué necesita y cómo podemos ayudarlo. Ya sea más horas de sueño, un día de descanso o mayor consumo de minerales, nuestro cuerpo es el único que nos acompaña en este proceso. 

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